¿Son tóxicos los pigmentos?
La mayoría de los que se venden hoy no lo son en uso normal. El riesgo real está concentrado en unos pocos con metales pesados y, sobre todo, en la inhalación de polvo mientras se manipulan en seco.
La mayoría de los pigmentos que hoy se venden no son peligrosos en uso normal. El riesgo se concentra en dos sitios: unos pocos compuestos con metales pesados y, sobre todo, el polvo que se respira al manipularlos en seco.

Un pigmento en polvo tiene partículas finísimas que se quedan flotando mucho después de que parezca que se han posado. Esa suspensión es la vía de exposición que importa, y explica por qué la misma sustancia preocupa suelta y no preocupa ligada.
Una vez mezclado en una pintura, en una resina o en el hormigón, el pigmento ya no está disponible para respirarlo. Por eso las precauciones se concentran en un momento muy concreto: abrir la bolsa, pesar y mezclar.
Es donde está el riesgo específico, y conviene decir qué queda y qué no.
Cadmio. Sigue vendiéndose para bellas artes en amarillos, naranjas y rojos. Su daño se asocia sobre todo al humo y al polvo, más que al uso normal del pigmento ya ligado. Se recomienda restringirlo a espacios ventilados.
Cromo. El amarillo de cromo son cromatos de plomo, y se ha ido sustituyendo primero por cadmio y después por pigmentos azoicos. El óxido de cromo verde es otra cosa: es cromo trivalente y la norma de cosméticos lo admite exento de ión cromato.
Manganeso. Presente en las tierras de sombra en proporción pequeña. No es motivo de alarma, pero sí una razón más para no respirar el polvo de forma habitual.
Los pasteles merecen mención aparte: pueden contener plomo, cadmio y cromo, y se manipulan justo de la forma que más polvo genera. Con ellos, guantes y mascarilla no sobran.
Blanco de plomo. Fue el blanco de la pintura durante siglos y es un tóxico acumulativo. Sustituido por el dióxido de titanio.
Bermellón. Procede del cinabrio, que es sulfuro de mercurio. Es neurotóxico, y la inhalación o la absorción por la piel pueden provocar vómitos, convulsiones y problemas respiratorios. Hoy los bermellones comerciales llevan otra cosa dentro.
Verde de Scheele y verde de París. Compuestos de arsénico. Su historia es célebre y su desaparición, poco discutible.
Conviene una advertencia de tono: este es un tema donde exagerar vende. Los artículos sobre «los colores que mataban» son entretenidos, pero describen materiales que llevan un siglo fuera del mercado. Lo útil hoy es otra cosa.
Ventila. Manipula el polvo en un espacio con aire en movimiento, nunca en un cuarto cerrado.
Usa mascarilla de partículas. No una quirúrgica: una de filtro de partículas. Es la diferencia entre protegerte y creer que te proteges.
No barras en seco. Barrer levanta otra vez todo lo que se había posado. Aspira con filtro o pasa un paño húmedo.
No comas ni bebas cerca. La ingestión accidental es una vía de exposición tan real como la respiratoria y mucho más fácil de evitar.
Guantes. Más por comodidad que por riesgo en la mayoría de los casos, pero imprescindibles con los que llevan metales pesados.
Es el documento que describe los peligros de una sustancia, cómo manipularla y qué hacer si algo va mal. El proveedor está obligado a facilitarla cuando corresponde, y basta con pedírsela.
Si compras pigmento a granel y no tienes esa ficha, te falta la información básica del producto que estás usando. Está por encima de cualquier cosa que puedas leer en esta web, incluida esta página.
Moler tierra y hacer pintura es una actividad estupenda, y no hay que descartarla por miedo. Lo que hay que evitar es el polvo suelto en cantidad y cualquier pigmento con metales pesados. Con tierras, en pequeñas cantidades y humedeciendo pronto la mezcla, el riesgo es mínimo. Tienes la parte práctica en pigmentos caseros.
Esto orienta sobre riesgos generales. No sustituye a la ficha de seguridad del producto concreto que tengas en la mano, que es la única que habla de ese material, con sus impurezas y su granulometría. Si hay discrepancia entre lo que dice esta página y lo que dice esa ficha, gana la ficha.
La mayoría de los que se venden hoy no lo son en uso normal. El riesgo real está concentrado en unos pocos con metales pesados y, sobre todo, en la inhalación de polvo mientras se manipulan en seco.
Una de protección frente a partículas, no una quirúrgica ni un pañuelo. Lo que hay que filtrar son partículas finísimas que se quedan en suspensión y que una mascarilla de tela no detiene.
Mucho menos. Ligado en una pintura, en una resina o en el hormigón, deja de estar disponible como polvo respirable, que es la vía de exposición que preocupa. El cuidado se concentra en el momento de manipularlo suelto.
Con criterio. Evita el polvo suelto y los pigmentos con metales pesados, y trabaja con productos ya preparados en pasta o líquidos. La actividad de moler tierra es fantástica, pero no con un cubo de polvo fino abierto.
Es el documento que describe los peligros de una sustancia y cómo manejarla. El proveedor está obligado a facilitarla cuando corresponde, y basta con pedírsela. Es el documento más útil y más ignorado del sector.