¿Qué es la solidez a la luz?
La resistencia de un pigmento a decolorarse con la exposición a la luz. Es la propiedad que decide si un trabajo se conserva o se apaga, y la declaran los fabricantes en escalas propias del sector.
Son las dos resistencias que deciden si un trabajo dura. La primera manda en exteriores y en obra que deba conservarse; la segunda, en todo lo que lleve cemento o cal.

Es la resistencia a decolorarse con la exposición. La radiación ultravioleta rompe enlaces químicos, y una molécula orgánica grande tiene muchos enlaces que romper. Un óxido mineral, que ya está en su forma más estable, tiene muy pocos.
De ahí la regla general: los inorgánicos aguantan mejor la luz, el calor y la degradación química, y mantienen el color durante períodos muy largos. Los ocres de las pinturas rupestres siguen ahí.
Hay excepciones que conviene conocer. Las ftalocianinas son orgánicas y muy estables. Y dentro de los naturales hay diferencias enormes: un ocre dura milenios y la curcumina se apaga en semanas.
Los fabricantes publican la solidez a la luz en escalas, normalmente con estrellas o con niveles. La idea es la misma en todas: cuanto más alto, más aguanta.
Y aquí toca una advertencia honesta: esos datos los declara el fabricante, no todos miden igual y un valor de catálogo no equivale a un ensayo independiente. Sirven para comparar dentro de una marca y, con cautela, entre marcas. Para obra que deba durar décadas, conviene contrastar.
El cemento fraguado y la cal son medios fuertemente alcalinos, y en ese entorno muchas moléculas orgánicas se descomponen. El color no se va de golpe: se apaga con los meses, que es peor, porque el trabajo ya está entregado.
Los óxidos de hierro resisten los ácidos y álcalis diluidos, el agua y los disolventes, y tienen buena resistencia a la intemperie. Por eso son la base de todo el color en construcción, y por eso los colores del hormigón son tierras.
La mayoría de los pigmentos aguanta mejor los ácidos que los álcalis, pero hay una excepción importante que conviene tener presente: el ultramar se descompone en medio ácido, pierde el color y desprende olor a azufre.
Es un buen recordatorio de que «resistente» no es una propiedad general: hay que preguntarse resistente a qué.
Exterior a la intemperie: inorgánico, sin dudarlo.
Cualquier cosa con cemento o cal: inorgánico, y además comprobado para ese uso.
Interior sin luz directa: el abanico se abre y puedes permitirte orgánicos por su color.
Producto de consumo rápido, como un alimento o un cosmético de rotación: la solidez a la luz importa mucho menos que la estabilidad al pH y al calor del proceso.
Pinta dos muestras iguales. Deja una en un cajón y la otra en una ventana orientada al sur. Compáralas a los tres meses.
Es un ensayo casero y no sustituye a nada, pero descarta en un trimestre los pigmentos que no deberías estar usando para algo que quieras conservar.
La resistencia de un pigmento a decolorarse con la exposición a la luz. Es la propiedad que decide si un trabajo se conserva o se apaga, y la declaran los fabricantes en escalas propias del sector.
Porque el pigmento tiene baja solidez a la luz. Los colorantes naturales de origen vegetal y algunos pigmentos orgánicos se degradan con la radiación ultravioleta; los inorgánicos, en general, no.
La capacidad de aguantar un medio alcalino como el cemento o la cal sin perder el color. Es lo que decide qué pigmentos sirven en construcción, y descarta a la mayoría de los orgánicos.
Como orientación, sí. Con matices: no todos los fabricantes miden igual ni publican con el mismo rigor, y un dato de catálogo no es un ensayo independiente. Para trabajo que deba durar mucho, conviene comparar entre fabricantes.