¿Cuánto pigmento lleva el hormigón?
Lo habitual está entre el 2 % y el 6 % del peso del cemento. Por encima del 10 % se documentan descensos importantes de resistencia, así que ese es el límite que no conviene cruzar en hormigón estructural.
El hormigón se colorea con óxidos de hierro, en una proporción de entre el 2 % y el 6 % del peso del cemento. Esa última precisión es la que más dinero ahorra de toda esta página.

El cemento fraguado es un medio fuertemente alcalino, y esa alcalinidad destruye a la mayoría de los pigmentos orgánicos. Lo que sobrevive son los inorgánicos, y de ellos los que además aguantan la luz y no reaccionan con el cemento.
A eso se suma una condición que no tienen otros materiales: el pigmento no puede comprometer el comportamiento estructural. Por eso existe una norma específica.
Los óxidos de hierro cubren prácticamente todo el mercado: rojo, amarillo, negro y las mezclas de los tres. Para verdes, el óxido de cromo. Para azules, poca cosa y con resultados discretos.
Hay una decisión que cambia el resultado más que ninguna dosis: el color del cemento. Sobre cemento gris, cualquier color sale apagado. Con cemento blanco, el mismo pigmento y la misma cantidad dan un color mucho más limpio. Si el color importa, empieza por ahí.
Entre el 2 % y el 6 % sobre el peso del cemento es el rango habitual. Diversos estudios documentan influencia negativa en la resistencia por encima del 10 %, que es el techo que no conviene cruzar.
Y la dosis se prepara por peso, nunca por volumen: el polvo se compacta distinto cada vez y un mismo recipiente puede llevar cantidades muy diferentes de una amasada a otra. Puedes hacer la cuenta en la calculadora.
Lo habitual es añadir el pigmento en seco junto con el cemento y los áridos, y mezclar antes de meter el agua. Así se reparte por fricción entre las partículas y se evitan los grumos.
Si se añade con el agua, hay que amasar más tiempo y aun así es más fácil que queden aglomerados que después se ven como manchas. Está desarrollado en cómo dispersar un pigmento.
Los pigmentos para hormigón y mortero se especifican conforme a la UNE-EN 12878(equivalente estadounidense, ASTM C979). Es la referencia que asegura que el pigmento es compatible con el material y que no compromete su comportamiento, y es especialmente relevante en hormigón estructural.
En la práctica, significa pedir al proveedor que acredite el cumplimiento. Un pigmento sin esa acreditación puede valer para una maceta, pero no para un elemento que trabaje.
El color no coincide entre amasadas. Es el problema clásico y hay que decirlo por delante: el hormigón coloreado nunca sale idéntico dos veces. Influyen el agua de amasado, el curado y el propio cemento. Se puede acotar dosificando por peso, usando el mismo lote de cemento y curando igual, pero no eliminar.
El color sale más claro de lo esperado. Casi siempre es el error de calcular el porcentaje sobre la masa total en vez de sobre el cemento.
Aparecen manchas o vetas. Pigmento mal dispersado, o añadido con el agua sin amasar lo suficiente.
Aparecen eflorescencias blancas. No es culpa del pigmento, pero sobre un fondo de color se ven muchísimo más. Lo tratamos en mortero y cemento.
Baja el asentamiento del cono. Está documentado en hormigones coloreados, en menor grado con algunos óxidos de hierro. Conviene contar con ello al ajustar la trabajabilidad.
El hormigón coloreado es un material vivo. Si el proyecto necesita un color exacto y repetible, el camino no es el hormigón teñido en masa sino un revestimiento. Decirlo antes evita el disgusto más común del sector.
Lo habitual está entre el 2 % y el 6 % del peso del cemento. Por encima del 10 % se documentan descensos importantes de resistencia, así que ese es el límite que no conviene cruzar en hormigón estructural.
Sobre el peso del cemento. Es el error más frecuente en obra: aplicarlo al total de la amasada hace que se eche tres o cuatro veces menos pigmento del previsto.
La UNE-EN 12878, cuyo equivalente estadounidense es la ASTM C979. Importa especialmente en hormigón estructural, donde hay que garantizar que el pigmento no compromete el comportamiento del material.
Porque el color del hormigón depende del cemento, del agua, del curado y del pigmento, y basta con que uno varíe para que cambie el resultado. Es la característica del material, no un fallo del pigmento.
En dosis normales, poco. Los estudios documentan influencia negativa clara por encima del 10 % sobre el peso del cemento, y también descensos del asentamiento del cono en hormigones coloreados, menores con algunos óxidos de hierro.
Toda la gama de tierras: rojos, terracotas, ocres, marrones, grises y antracitas. Los colores vivos no son viables porque los pigmentos que los dan no aguantan la alcalinidad del cemento.
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