No hay una clasificación de los pigmentos: hay cuatro, y funcionan a la vez. Un mismo pigmento tiene una posición en cada una. Confundirlas es la causa de la mitad de los malentendidos del tema.
Foto de Kashvi Shah (pexels).
Por origen: naturales y sintéticos
Los naturales se extraen: de la tierra, de un mineral, de una planta o de un animal. Los sintéticos se fabrican.
Esta clasificación dice de dónde viene el material y poco más. No dice si es seguro —el cinabrio es natural y es sulfuro de mercurio— ni si es mejor. Lo que sí predice bastante bien es la constancia: un sintético da el mismo color lote tras lote y un natural no.
Por química: orgánicos e inorgánicos
Los orgánicos están basados en el carbono; los inorgánicos son minerales, óxidos y sales.
Esta clasificación no tiene nada que ver con la anterior, y ahí está el equívoco que más tráfico mueve en todo el sector. Un pigmento orgánico puede ser completamente artificial, y uno inorgánico puede haber salido de una cantera esta mañana.
Es, además, la clasificación que mejor predice el comportamiento: los inorgánicos aguantan más la luz, el calor y la alcalinidad; los orgánicos dan colores más saturados y transparentes.
Por color
Es la clasificación práctica, la que usa quien tiene que elegir. Dentro de cada color hay varias sustancias posibles y no son intercambiables: cambian el precio, la solidez y dónde se pueden usar.
Estos no colorean: reflejan. La familia peor entendida.
Por lo que hacen
La cuarta clasificación es funcional y se usa sobre todo al formular.
Los cubrientes tapan lo que hay debajo: el dióxido de titanio y los óxidos de hierro. Los transparentes tiñen sin tapar, y sirven para veladuras y matices: las tierras de siena, las quinacridonas.
Los de efecto no aportan color propio, sino brillo o reflejo cambiante: los perlados y los metalizados. Y los de carga aportan cuerpo y volumen sin colorear apenas, como el carbonato cálcico.
Cuál de las cuatro te sirve
Si estás eligiendo un color, empieza por las familias de color de arriba.
Si te preocupa si aguantará —el sol, la cal, el calor—, la clasificación útil es la de orgánico e inorgánico.
Si lo que tienes es un bote con un código y no sabes qué es, no necesitas ninguna clasificación: necesitas las equivalencias.
Y si sabes qué material vas a colorear pero no qué pigmento le va, el camino es el de los usos.
Cuántos hay en esta web
Ahora mismo hay 23 sustancias con su ficha o su entrada en la tabla de equivalencias, todas con sus nombres comprobados contra el texto de la normativa europea. No es un catálogo completo del mercado: es el conjunto de las que de verdad se encuentra uno.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas formas hay de clasificar un pigmento?
Cuatro que se usan a diario: por origen (natural o sintético), por química (orgánico o inorgánico), por color y por lo que hacen (cubrir, teñir, dar efecto). No son alternativas entre sí: un mismo pigmento tiene una posición en cada una.
¿Un pigmento orgánico es un pigmento natural?
No, y es el error más repetido de todo el tema. Orgánico se refiere a la química del carbono, no al origen. Hay pigmentos orgánicos totalmente sintéticos, como las ftalocianinas, e inorgánicos que salen de una cantera, como el ocre.
¿Qué clasificación me sirve a mí?
Depende de qué necesites. Si buscas un color, la de color. Si quieres saber si aguantará el sol o la cal, la de orgánico e inorgánico. Si te importa la trazabilidad o el criterio ecológico, la de natural y sintético.
¿Qué es un pigmento de carga?
Uno que aporta cuerpo y volumen sin apenas color ni opacidad, como el carbonato cálcico. Se usa para abaratar y para ajustar la consistencia de una mezcla, no para colorearla.